miércoles, 19 de noviembre de 2008

LA VOCACIÓN DEL ABOGADO


El ejercicio de la abogacía, no es algo para lo que todos los seres tengan vocación, aunque todos tengan claro a su modo lo que es la justicia, y por lo que creen poder ejercer derecho e impartirlo ante la sociedad.

La vocación hacia el derecho no se da por el estudio o el ingenio, sino por la rectitud de la conciencia y el buen criterio, esto deberia ser la realidad de una vocación a la que se entrega el ser.
Pero la misma sociedad se a encargado de que no sea asi, ya que no considera como buen abogado a aquel quien realmente siente inspiración en la justicia, sino a aquel que sin tenerla obtuvo un titulo profesional, claro que con esto no se quiere decir que quien esta en el primer caso no obtenga un titulo, obviamente tambien pude obtenerlo pero a diferencia del segundo caso, con toda la plenitud que el ejercicio de dicha profesión requiere, lo cual no es bien valorado ya que aunque es dificil reconocerlo toda sociedad suele ser materialista y no idealista.

El abogado es quien realmente actua con la conciencia, siendo bueno, firme y prudente, sin dejarse llevar por la vanidad, ni afectar por la mala fé de quienes lo corrigen, y atendiendo en cambio a la buena fé de quienes lo aconsejan.
No es de un abogado faltar a la dignidad de la profesión con actuaciones de mala fé, ni con actos que dejen en entre dicho el ejercicio y desempeño de sus colegas y de la profesión en si, como tampoco lo es intervenir en contra de los fines del Estado y basicamente de la comunidad.

Es justamente por actos como estos o similares que la reputación de los abogados es la menos deseada y la mas criticada, atacada y de trascendencia infinita dentro de la sociedad en comun e incluso por quienes aspiran pertenecer al gremio o de quienes ya pertenecen; pero que como si nada aun sabiendo lo que se dice de ellos, sigen sus vidas sin importarles en lo mas minimo la reputación del abogado, sin tan siquiera detenersen un segundo a pensar en una solución que deje ver la verdadera escencia que cobija al abogado, sin dejar ese egoismo y esa vanidad absurda con los que se vanaglorian y por el cual se corrompen; ya que ven solo el bien propio por el de enrriquecer a toda costa y sin importar que son tildados por la sociedad a la cual sirven, como mentirosos y vividores del fraude, del robo o el engaño en general. Aunque hay algunos que dicen supuestamente servir a la sociedad, pero que cada dia hacen todo lo contrario con su comportamiento y falta de moral, que sirve mas bien de mal ejemplo a las generaciones que estan tras de ellos.

Según la Ley todos los malos actos que lleve a cabo cualquier abogado en ejercicio de su profesión seran castigados por la autoridad competente, pero como sabra esta autoridad la forma como actuan todos ellos, sabiendo que es imposible tener vigilado a cada uno y en especial revelar lo que su conciencia sabe; dificilmente todos pueden ser juzgados, y muy pocos premiados con el buen concepto que debido a su merito merecen.

En conclusión una de las mejores soluciones para terminar con la corrupción de la justicia, seria empezar desde ya una reflexión individual de parte de cada una de las personas que estudian la ciencia del derecho, o de quienes piensan estudiarla, para luego convertirla en un ideal general, un ideal de cambio para que desde ya todos los abogados sean vistos como lo que son; defensores de la justicia común, servidores de esta y no como conducto obligatorio exigido por la ley ante la sociedad, esa sociedad que anela ver de forma diferente a quien la defiende.

Claro esta que este no deberia ser un proposito solo del ende de justicia, sino de la misma sociedad quien en ocasiones es quien se encarga de hacer pecar dentro de la justicia con insinuaciones y promesas lucrativas, que son tentativas para cualquier ser humano, sin importar si pertenecen al ramo juridico o no, pero que pueden dañar a las personas que incluso no creen estar actuando en contra de la misma sociedad.

Fuente: Trabajo de taller de metodología de la investigación sobre la relación entre el codígo disciplinario del abogado y el texto el alma de la toga.

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